
|  | Entrevista FEDERICO JEANMARIE Un libro como Papá marca un antes y un después en la obra de Federico Jeanmaire. Lejos de un tratamiento de la ficción que a lo largo de seis novelas definiera uno de los estilos más particulares de la narrativa local, el poderoso giro introspectivo de su nueva entrega señala que algo se quebró. El disparador: la muerte de su padre.
Se comentaba que lo nuevo de Federico Jeanmaire no era, como todos esperaban, una novela. Algunos arriesgaban que se trataba de una autobiografía; otros apuntaban que tenía que ver con una suerte de diario íntimo. Casi todos sabían que Jeanmaire había perdido a su padre no hacía mucho. Papá rescata un ajuste de cuentas entre un padre y un hijo, pero también entre un padre y su hijo que de a poco se va convirtiendo en padre. Una historia, entonces, tan vieja como el mundo.¿Cómo surge Papá? Federico Jeanmaire: Cuando estaba por nacer Juan, mi hijo, quise escribirle una carta para que leyera cuando tuviera mi edad por ese entonces yo tenía 36 años. Escribí cuatro o cinco páginas y me di cuenta de que no servía; pensaba que al manejar el oficio de escritor había una barrera insalvable entre lo que uno puede decir sinceramente y aquello que finalmente resulta. Dejé la carta de lado, la rompí. Muchos años después, cuando mi viejo estaba enfermo, en el momento en que me doy cuenta de que se muere el mismo día en que le sacan la quimioterapia, llego a casa, abro un documento en mi computadora Papá, y me pongo a escribir algo para mí. Estuve un par de meses trabajando en un texto que no sabía bien qué era, pero cuando llegué a las diez o quince páginas sentí que estaba frente a un libro. Entonces, entendí que el error que tuve con la carta de Juan pasaba por haberla preparado pensando en un lector, casi como si se tratara de un escrito periodístico y no como literatura. Por el contrario, como lo que hacía en este documento era para mí, al no existir un lector como destinatario, se armó algo. Saer lo llama narración, a mí me gusta llamarlo literatura: una escritura que no necesita de otro soporte. También pasó por tomar una decisión muy egoísta: ¿en quién pienso?, ¿en las personas que van a leer esto y que me conocen? ¿O bien pienso en mí y disfruto en el intento de escribir desde el centro del dolor? Era una oportunidad única, y decidí aprovecharla.¿Y pensaste nada más que en vos?
Sí, porque me sentí viviendo una experiencia estética más allá de una experiencia de vida muy fuerte, por supuesto. El tema es que cuando tomo la decisión y digo quiero pasar por esto, es porque si no lo hacía perdía una oportunidad. Hoy no escribiría el mismo libro. Después de terminarlo no lo pude leer más, me largo a llorar. Y me da vergüenza. Vergüenza por mí, por mi vieja, por montones de cosas. Era conciente de lo que hacía, pero cuando uno dedica toda su vida a algo no se quiere perder nada. Es egoísta, y dudo de que alguien no relacionado con el arte lo entienda. Escribo muchas horas por día todos los días, es mi vida desde hace años. Cuando terminé este libro tuve un bajón enorme en el que no pude escribir nada durante cinco meses; sinceramente pensé que no iba a escribir más. Porque si leo el libro y veo que la relación con mi viejo fue tan importante a la hora de marcarme el rumbo de escritor, digo murió mi viejo, murió también mi escritura. Creo que cuando uno está metido en cierta sintonía no se puede hacer sino lo que el cuerpo manda. Y de hecho, lo que estoy escribiendo ahora, si finalmente es un libro cosa que todavía no sé porque voy por la página quince otra vez voy a estar ahí expuesto. ¿Habré descubierto una forma pornográfica de ser escritor? (risas).
La entrevista completa en el número de junio de Los Inrockuptibles.
Terra
/ Mariano Valerio.
|  | |
|